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El “Tico” Rojano: En alma, corazón y vida un baluarte del Cacique

Héctor Rojano
Héctor Rojano ha sido durante la mayor parte de la vida musical de Diomedes Díaz el conguero de su agrupación vallenata. Aquí se lo presentamos.

Largas tres décadas de presencia musical lleva el artista Diomedes Díaz alumbrando el firmamento vallenato. Pese a las vicisitudes vividas durante muchos años aún conserva todo su fulgor, no gratuitamente su disquera -Sony Music Entertaiment- le hizo un sorpresivo reconocimiento por volumen ventas en el más reciente Festival de La Leyenda Vallenata, de Valledupar.

Y en ese trasegar, de más sabores que sinsabores, hay muchos músicos que han estado a la vera del artista sanjuanero, acompañándolo. Cajeros, bajistas, acordeoneros, segundas voces, guitarristas y demás integrantes de la Organización Musical que en su momento han hecho su aporte.

Y uno de ellos es “Tico” Rojano. Un hombre de origen humilde que ha estado muchos años tocando las congas para el artista y que hace parte de la historia viva de este conjunto. Su toque alegre de los cueros -como pueden comprobarlo en decenas de vídeos que hay en internet- dan fe de lo afirmado. Esta es, pues, la semblanza de Rojano, el chico humilde que triunfa a punta de “tam tam”.

Adelante…

Tico, Humildemente Grande

A sus 52 años, el músico de corazón y conguero o tamborero de profesión, Héctor Manuel Rojano Tapias lleva grabada a fuego en su alma la inmensa gratitud con el hombre aquel que un día cualquiera de su adolescencia lo sacó de su humilde vida de vendedor ambulante de las calles de la población colombiana de Calamar (Bolívar) y lo invitó a vivir en Valledupar (Cesar), acogiéndolo allí para que así reemprendiera un nuevo y mejor camino, lejos de los caminos polvorientos y del ir y venir sobre las aguas del Río de la Magdalena -que serpentea su pueblo natal- y sobre las que, en general, se le desgranaban los días entre carencias, anhelos y angustias.

Gracias a ese gesto de Tulio Villa -como se llamó en vida su benefactor, quien ya murió-, a su empeño personal y, por qué no, a su suerte ha podido conocer un mundo mejor, tanto así que ha viajado por Europa (Francia, Inglaterra, Suecia, Holanda, Italia, España y Alemania); Norteamérica (Estados Unidos y Canadá); Centro y Suramérica (Panamá, Venezuela, Ecuador, Brasil y raca que raca) y cuanto rincón tiene la geografía colombiana.

La mayoría de las veces como integrante de la Organización Musical de Diomedes Díaz, siempre llevando consigo la “tumbadora” o “conga”, el instrumento que ejecuta con destreza y al que le coloca una nota de alegría, tal y como lo pueden atestiguar quienes asisten a los conciertos y lo ven saltar tanto que parece que en vez de pies tiene resortes. Es así. No lo he inventado yo.

Del chico aquel que vendía a los transeúntes “mazoooorcasssss”, “duuulce de coooco”, “panoooooochasssss” y “booooollosssssss ” en una olla de aluminio solo quedan los recuerdos, entre ellos, ese que da cuenta de como volteaba el recipiente y lo convertía en su tambor, lo que a la postre fue uno de los primeros pasos en su particular evolución como artesano del vallenato, del que es ya uno de los más legendarios músicos, amparado con un cuarto de siglo de carrera musical.

Tico en Europa

Pero también queda la gratitud y el recuerdo de Cristóbal, Grimaldo y Manuel de Jesús Tapias, sus tíos por parte de madre, quienes como músicos le dieron parte del saber que le permitió conocer más de cerca la “caja” (tambor), que ellos tocaban y que fue, para Rojano Tapias, la antesala de su acercamiento a otro instrumento de percusión (de percutir o pegar) llamado tambora.

Básicamente, la tambora es cilindro largo y hueco de madera fina cerrado en su parte superior con piel tensada y llevado a América por los esclavos hace más de 400 años desde la África subsahariana (Hoy el Congo, Angola y países vecinos) hasta Cuba y de allí a Estados Unidos de donde se explayó a todo mundo, en general, entre otras cosas, gracias al cine de Hollywood que inmortalizó ese instrumento con las escenas en las que los sonoros y agudos tam tam anuncian que los morenos ‘le van a sacar la mugre’ a los blancos en plena selva o, simplemente, que Tarzán anda dándose una coñamentazón con un león 10 veces más fuerte que él en medio de un combate ilógicamente desigual y del que el animalito sale más maltrecho que vivo. Vainas de la imaginación de los gringos.

Héctor, conocido en el ámbito musical como “Tico”, arribó a Valledupar a mediados de la década de los sesenta, bordeando casi sus 18 años. Para entonces la vanguardia de la música vallenata era solo un puñado de agrupaciones que acaso se contaban con los dedos de la mano pero que sus cultores era una mayoría de juglares campesinos que expresaban sus más nobles sentimientos a través de la caja, la guacharaca, el acordeón o la guitarra, lo que en si era y es un conjunto básico de vallenato. Salvo mejor información sería Alfredo Gutiérrez quien introdujo la tambora en ese arte musical.

En su incursión en el vallenato tiene como saldo a su favor haber tocado con las más legendarias agrupaciones de esa música, entre ellas, los Hermanos Zuleta, Diomedes Díaz, Jorge Oñate, Los Betos y otros tantos, y acompañado a acordeoneros tan famosos como Nicolás Elías Mendoza Sierra, Emiliano Zuleta Díaz, Juan Humberto Rois Zúñiga, Franco Argüelles, Nafer Durán, Elberto López, Gonzalo Arturo Molina Mejía, Alvaro López y toda una larga y renombrada lista. ¿Quién no ha escuchado “La Gordita”, “Paisaje de Sol”, “El Cóndor Legendario”, “La Chambaculera” y demás éxitos? En estas producciones, “Tico” ha dejado su impronta, su amor al arte, su tambora.

Arte que ha transmitido a 3 de sus 4 hijos quienes como él son músicos y que nacieron de la unión con Berta de Jesús Paba, la mayor valedora y amparadora de su familia y, a su vez, abnegada madre de sus hijos Ronny Fernando, Héctor David, Luis Alfredo y Evelyn Johana Rojano Paba, de 26, 23, 20 y 19 años, respectivamente.

“A ella le debo toda por su compresión en mi vida como músico, todo su amor infinito a nuestro hogar, ya que siempre he contado con ella, en mis aciertos y en mis errores y eso ella lo ha sabido manejar”, dijo al periodista Héctor Sarasti, al referirse a esa mujer, de 42 años, la matriarca de esa familia que vive en el conocido barrio Los Fundadores, de Valledupar.

“Ella cuando pasa algo me llama a mi, hablamos, dialogamos ¿qué más se puede pedir que una buena madre y mejor esposa?”, dice con nostalgia al recordar que hace casi un lustro mientras hacían una gira por España falleció su mamá, algo que lo entristeció profundamente. Pero ahí quedó el consuelo de su compañera e hijos.

Tres hijos de “Tico” son hombres y, como él, músicos de profesión y trabajan en agrupaciones de prestigio, al margen de que alguno de ellos cursó, además, estudios superiores en otras áreas. La cuarta, Evelyn, la niña de sus ojos, estudia medicina en una universidad de su ciudad. “Un orgullo para nosotros”, dijo a la par que deseaba en estos años de su ya dilatada carrera musical rematar la faena folclórica asegurando la estabilidad económica de la mejor manera. “Todos deseamos siempre un mejor futuro y lo mejor del presente”.

Quizá tanta estabilidad con su pareja le permiten hoy vivir sus días de abuelo y padre, cuando no está trabajando, saliendo a alquilarse una película o a comer. “Le agradezco infinitamente a Dios todo lo que me ha dado, le pido salud, fuerza para seguir tocando mi instrumento así porque lo siento y lo llevo en el corazón… la tambora hay que tocarla con alegría, con emoción haya plata o no haya plata, que Dios siempre proveerá”.

Rojano Tapias siente que es natural al ser humano conservar su dignidad: “A la única persona que debemos rendirle pleitesía es a Dios, a todas las demás hay que saber llevarlas”.

Agrupaciones como la de Fabián Corrales, Churo Díaz y Luifer Cuello, entre otras, han contado con la presencia de un Rojano Paba, una estirpe de músicos nacida de un chico que algún día lejano trasegó de una orilla a otra del río grande de la Magdalena, en el norte de Colombia, encima de una “Jhonson” como se conocen en esa región las chalupas o canoas de madera en las que se embarcaba desde su pueblo, Calamar, con la intención de desfogar toda esa energía juvenil, aporrear la pobreza endémica que padecían muchos chiquillos de su pueblo y, sobretodo, ver mundo. 

Organización de Diomedes Díaz

¡Y vaya que si ha visto mundo!.

Caciquitas

Una curiosidad notoria de Tico es que en el escenario se le ve saltar con frecuencia. Impronta del goce que vive en medio de las multitudinarias presentaciones.

En la última gira a Europa pasaron días entre un país y otro. Tiempo el cual les permitió conocer de cerca el Viejo Continente.

Considera, ante todo, que al músico debe dársele su sitio como persona.

Por estos días, como toda la agrupación anda de estrene del nuevo disco de Diomedes Díaz, su compadre y jefe, ya que él le bautizó un hijo. En el disco “Con Mucho Gusto” se escucha su tambora.

Recordó que fue el Joaquín Guillén, el que fuera manager del conjunto, quien lo llevó a trabajar a esa agrupación. Corría mediados de la década de los setenta.

Para Rojano Tapias, el cambio de la caja a la tambora fue motivado, en parte, porque encontró que habían muchos cajeros pero pocos congueros. Ahí encontró su hueco y por ahí siguió su senda hasta el día de hoy.

“Agradezco a Diomedes Díaz la confianza conmigo y hallar, junto con él, un sitio dentro de nuestro folclor”.


Discos En Los Que Ha Trabajado Tico Rojano

1.978. “La Locura”. Diomedes Díaz y Juancho Roís.
1.978. “Dos Grandes”. Diomedes Díaz y Nicolás Elías Mendoza.
1.979. “Los profesionales”. Diomedes Díaz y Nicolás Elías Mendoza.
1.980. “Tu Serenata”. Diomedes Díaz y Nicolás Elías Mendoza.
1.981. “Para mi fanaticada”. Diomedes Díaz y Nicolás Elías Mendoza.
1.981. “Con Mucho Estilo”. Diomedes Díaz y Nicolás Elías Mendoza.
1.982. “Todos es para ti”. Diomedes Díaz y Nicolás Elías Mendoza.
1.983. “Cantando”. Diomedes Díaz y Nicolás Elías Mendoza.
1.984. “El Mundo”. Diomedes Díaz y Nicolás Elías Mendoza.
1.985. “Vallenato”. Diomedes Díaz y Gonzalo Arturo Molina Mejía.
1.986. “Brindo con el alma”. Diomedes Díaz y Arturo Molina Mejía.
1.987 “Incontenibles”. Diomedes Díaz y Arturo Molina Mejía.
1.988. “Ganó el Folclor”. Diomedes Díaz y Juan Humberto Rois Zúñiga.
1.989. “El Cóndor Herido”. Diomedes Díaz y Juan Humberto Rois Zúñiga.
1.990. “Canta Conmigo”. Diomedes Díaz y Juan Humberto Rois Zúniga.
1.991. “Mi Vida Musical”. Diomedes Díaz y Juan Humberto Rois Zúñiga.
1.992. “El Regreso del Condor”. Diomedes Díaz y Juan Humberto Rois Zúñiga.
1.993. “Título de Amor”. Diomedes Díaz y Juan Humberto Rois Zúñiga.
1.994. “Un Canto Celestial”. Diomedes Díaz e Iván Zuleta Barros.
1.996. “Muchas Gracias”. Diomedes Díaz e Iván Zuleta Barros.
1.997 “Mi Biografía”. Diomedes Díaz e Iván Zuleta Barros.
1.998 “Volver a Vivir”. e Iván Zuleta Barros.
1.999 “Experincias Vividas”. Diomedes Díaz y Franco Argüelles
2.002. “Gracias a Dios”. Diomedes Díaz y Gonzalo Arturo Molina Mejia.
2.003 “Pidiendo vía”. Diomedes Díaz y Juan Mario de La Espriella.
2.005 “De Nuevo con mi gente”. Diomedes Díaz y Franco Argüelles
2.007. “La Voz”. Diomedes Díaz e Iván Zuleta Barros.
2.009 “Listo pa´la foto”. Diomedes Díaz y Alvaro López.
2.011 “Con Mucho Gusto Caray”. Diomedes Díaz y Álvaro López.



Por: Héctor Sarasti
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