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La vieja Elvira: Alma, corazón y vida de una luchadora.

Elvíra Maestre
“A papá le agradezco que me la haya querido, como un hombre quiere a la madre de sus hijos, gracias viejo querido por quereme a mamá, ella crió a todos sus hijos, ¡ya dejó de amamanta!”.

En ese caserón esquinero del barrio San Joaquín, de Valledupar, Cesar, norte de Colombia reside aún Elvira Maestre Hinojosa, la mujer de cuya unión con el ya fallecido Rafael María Díaz Cataño, nació el más grande canta-autor vallenato, parte de una extirpe que empieza con el mayor y más famoso de sus hijos, Diomedes y termina en el menor, Elver, pasando por Abel, Rosa María y otros hermanos más que conforman la primera generación de los Díaz Maestre que ya hoy se extiende mucho más allá por cuanto van llegando hasta bisnietos.


Corría el sábado 26 de febrero del año pasado cuando charlaba con el mayor de la familia, Diomedes Díaz, en el hall del Hotel Lleó, de Barcelona, España. Le recordé apartes de las charlas que alguna vez mantuve con su padre en las afueras de esa casa y su madre al calor de un café. Ella tan conocida en Valledupar como el Parque de la Leyenda Vallenata o la Sirena que hay levantada a orillas del Río Guatapurí, a la altura del Balneario de Hurtado.

Porque ella es, sin lugar a dudas, una de las más famosas madre de Colombia, la “Vieja Villa”, la mamá de El Cacique de la Junta. Reconocimiento tan extendido como el que tienen mujeres vallenatas del abolengo de Consuelo Araujo Noguera, “la Cacica”; la valentía de María de la Concepción Loperena de Fernández; la clase y ascendencia social de Cecilia Caballero de López, “La Niña Ceci” ; o la de los amores juveniles de Rafael Escalona, “La Maye”, Marina Arzuaga, por citar solo una puñado de mujeres referentes en la conciencia colectiva de los colombianos.

Para al caso de Elvira Maestre quepa el calificativo de sencilla y humilde, ejemplo de tesón. Que hizo con y de sus hijos lo mejor que pudo, teniendo en sus comienzos la pobreza como la peor aliada. Podría dedicarme a encontrarle virtudes para quedar bien, añadirle ensalzarle, glorificarle y encontrarle de todo lo divino y lo humano un poco pero más bien resumo que a su lado su hijo mayor vivió épocas que lo marcaron por siempre (cosió tulas, vendió fritos, carbón, chivos y cuanto pudo) antes de que la música le diera dinero y fama. Hoy, en agradecimiento a ella, a su abnegado esfuerzo, ese hijo le ha cantado todo lo que ha podido y más.

Valga el reconocimiento a esta mujer hoy día de su cumpleaños.

Por: Héctor Sarasti - Periodista