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La historia de Chiche Maestre con Diomedes Díaz y el vallenato actual



A pocos días del inicio del Festival Vallenato, el evento que reúne a lo más connotado de la música del Valle del Cacique Upar, el cantautor José Alfonso 'Chiche' Maestre dijo que si los conjuntos vallenatos de la actualidad no se pellizcan, terminarán convertidos en orquestas, al mejor estilo de grupos dominicanos o puertorriqueños.

"Veo a buenos cantantes. Lo son Peter Manjarrés, Martín Elías y Silvestre (Dangond). Sin embargo, también veo mucho brincoleo en tarima; canciones sin sentido, tan efímeras, que a los dos meses de salir al mercado nadie se acuerda de ellas. Entiendo la necesidad de ganar dinero con un CD, pero no deberían olvidarse del vallenato puro, ese que hizo grande a Diomedes", manifestó el Chiche, a quien por primera vez le grabó Iván Villazón la canción Que siga la fiesta, hecha a una muchacha de su pueblo a la que nunca pudo conquistar, pese a la cantidad de versos que le dedicó.

Pero cómo es la vida, una tierra de mujeres hermosas como lo es el Cesar, que desde hace más de medio siglo ha inspirado a cientos de juglares, no dio la mujer que le robara el corazón a uno de los compositores más importantes del folclor vallenato en toda su historia.

El amor de su vida, Lida Carmenza García, lo vino a encontrar el Chiche en Chinú, precisamente, haciendo lo que más le gusta: cantar sus éxitos cargados de un sentimiento único, inspirados en hechos reales.

Como alguna vez dijo Consuelo Araújo Noguera, la Cacica: "El verdadero poeta no necesita emborracharse para inspirarse ni requiere programarse para hacerlo. El verdadero poeta vallenato es aquel que convierte los sucesos cotidianos en poesías. Ese que llora cantando para olvidar las penas que nunca cuenta, sino que canta con mucho sentimiento, cuando esas penas nacen del amor".

Sobre sus composiciones, José Alfonso dice que en un 98 por ciento son vivencias. "Muchas mías y otras de amigos, pero vivencias al fin y al cabo".

Una de esas historias reales las plasmó en dos canciones que todavía retumban en la memoria de los que sienten que el vallenato les corre por sus venas, El culpable soy yo y El verdadero culpable, cantadas por Diomedes Díaz en los años noventa.

"Cuando me acuerdo de El culpable soy yo se me arruga la piel, porque el desamor, la traición, los cachos, como dirían en estos tiempos los jóvenes, le terminó costando la vida a una bella mujer. Ella se suicidó embarazada al saber que su novio se largó cuando supo que esperaba un bebé suyo; lo peor es que a mí me gustaba y no podía decirle que ese hombre por el que ella se desvivía, siempre le mentía porque no la quería", comenta el Chiche, quien tuvo que hacer El verdadero culpable, una versión en la que explica que él no tuvo nada que ver con el desenlace trágico de aquella mujer, a la que nunca le dijo que le gustaba.

El Chiche, primo de Gustavo Gutiérrez Cabello, otro grande de la composición, nació en Patillal (Cesar). Allí, en esa tierra de calles polvorientas y anchas, conoció a Diomedes, el Cacique de La Junta. En ese entonces, era apenas un joven parrandero, sin saber que años después le brotarían canciones inmortales como No era el nido, la primera de las 11 que le grabó el Cacique.

Y es que al Chiche y a los que sabían de su talento como compositor, les resultaba muy curioso que, conociendo a Diomedes, no se interesara porque este le grabara.

"Yo estudiaba en Bogotá y como Diomedes me conocía (y sabía que tocaba acordeón), un día me invitó a que lo acompañara a cumplir dos compromisos privados, porque Juancho Rois no podía. Al terminar esos toques, nos fuimos para una casa del Cacique, era de madrugada y le canté varias veces No era el nido y a Diomedes le gustó tanto que me la hacía repetir, y entonces le dije, en medio de tragos: '¡Compa, esta es la primera canción que usted me va a grabar!'. Pasó el tiempo y estando de vacaciones en mi tierra llamé a Diomedes y me dijo que estaba grabando su nuevo CD. Le recordé la canción que le había cantado. Me dijo que viajara a Bogotá, llegué al estudio, Juancho escuchó la canción y lo emocionó. De ese CD fue de las que más gustó, y gusta, porque aún se escucha", manifestó el compositor de otra canción como Los adioses de mi vida, que magistralmente interpretó Jorge Oñate.

Después de esa primera composición, el cantautor de Patillal, la misma tierra de Rafael Escalona, no paró de darle canciones a Diomedes, y a otros cantantes. Canciones llenas de mensajes reales como El mártir, que narra la historia de un joven que creyó que la novia lo amaba y se casó con otro.

Algunas veces, pese a la amistad con el Cacique, no era fácil que le grabara, porque había mucho intermediario interesado en sacar partido.

El Chiche, coronado rey infantil en Valledupar en 1978, vive en esta ciudad, de la que sale todos los fines de semana a cantar, porque como él dice, Dios le ha ido cambiando los planes en su vida para bien. "Quise ser periodista o administrador de empresas, y no pude, tuve muchas frustraciones amorosas, pero aquí estoy, casado con una mujer maravillosa, soñé con ser un gran acordeonero y vivo de cantar mis canciones, cuando jamás pensé en eso", dice luego de llegar de una gira todo un fin de semana por distintas ciudades. En cada uno de esos toques interpreta temas como Ahí vas, paloma, la canción vallenata más pura y auténtica del folclor del Cacique Upar de los últimos años, según palabras de Consuelo Araújo y Tomás Alfonso 'Poncho' Zuleta.


Ahí vas, Paloma, apareció en 1996, cuando muchos pensaban que ese tipo de canciones ya no se hacían. En su momento, la Cacica dijo sobre esta pieza: "Cuando estábamos hasta la coronilla y a punto de asfixiarnos bajo las toneladas de basura que con el nombre de vallenatos nos han caído encima, José Alfonso 'Chiche' Maestre se nos vino con todo un señor canto. Un canto con toda la hondura del sentimiento y la fuerza de su alma, que en la voz formidable de Poncho Zuleta y el acordeón de Emilianito logró que se nos volviera a erizar la piel y nos hizo poner de pies para escucharlo como se escuchan los buenos vallenatos: en silencio, con emoción y respeto". 

Sin embargo, pese a las frases proféticas de la Cacica, el vallenato parece seguir un rumbo distinto. El Chiche lo afirma muy claramente: "si los buenos compositores, que aún los hay, y las figuras de ahora, llámese Martín Elías, Silvestre o Peter, no se ponen las pilas haciendo y escogiendo buenas canciones, el vallenato naufragará en un mar inmenso; y, por eso, las seguirán llamando (a las canciones) vallenatos de probeta o de encargo, que se hacen para poner a brincar a muchos a ritmo de una melodía sin sentido, que no motiva a nada".

Muy distinto a melodías como El llanto de un rey, la primera que le grabó el Binomio de Oro al Chiche, en la voz de Rafael Orozco, hace 23 años, y que aún le sigue poniendo la piel de gallina a cualquiera que la escucha y que le guste el vallenato.

"Diomedes dio el ejemplo de cómo se hace un CD vallenato. Allí está sonando el último que grabó antes de morir como si fuera el primer día", dijo el Chiche.

El compositor sostiene que el Cacique "se merece todos los homenajes del mundo", a propósito del Festival Vallenato, que se hará en su honor, y que empezará en pocos días en una región que añora canciones como Devuélveme mis sentimientos, otra de las inmortales obras del cantautor de Patillal, el protagonista de muchas historias reales, compuestas en instantes de despecho.

Redacción: Edgar Pernett Hernández..
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