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A Diomedes Díaz sus amigos lo recuerdan



ZULETA RECUERDA A DIOMEDES

“Poncho Zuleta”, Tomás Alfonso Zuleta Díaz, además de su ídolo, colega y compadre, era uno de los mejores amigos de Diomedes Díaz. Tanto lo admiraba el ‘Cacique’ que solía parrandear casi exclusivamente con música de los Hermanos Zuleta. Poncho Zuleta le correspondía en amistad y admiración, demostrándoselo así en muchas ocasiones.

“Le cuento como lo conocí: yo vivía en el edificio Torres del Rosario y él ya trabajaba en Radio Guatapurí. Yo no sabía que él me esperaba, llevaba largo rato esperándome a que yo bajara en el ascensor; nos encontramos, nos conocimos y nos hicimos muy buenos amigos.

“Llegó y me dijo, soy Diomedes Díaz y yo también soy compositor; me entregó un merenguito que yo le grabé y me dijo que estaba sin plata, le di $5.000 pesos y con eso se compró una muda de ropa. Quedó agradecido conmigo, y de ahí pa’lante seguimos una gran amistad, desde ese momento nos hicimos muy buenos amigos y construimos una gran confianza.

Él me buscaba, sentía un gran apoyo conmigo y me sentía como su tío, como su familia. Nos unió una grande amistad. Toda la vida sintió en mi ese apoyo y respaldo. En sus primeros tiempos, decía que yo era el mejor de los cantantes de la música vallenata. Esas eran cosas de él….

“Diomedes Díaz era un poeta, poeta, poeta… Mi compadre era un hombre muy inteligente. Le gustaban los versos, a mí también me gustan los versos por provenir de verseadores, de decimeros.

“Cuando nos encontrábamos en una tarima, en una caseta o en una parranda, eso era un espectáculo al ponernos a versear, a improvisar con versos de elogio, de cariño, de reconocimiento. Antes los verseadores se ofendían mucho, se maltrataban; nosotros cambiamos eso. Esos encuentros eran para disfrutarlos. Esos encuentros eran un espectáculo.

“Diomedes y yo éramos muy apegados, muy cercanos y nos queríamos mucho. Sus hijos me dicen tío; yo he sido con ellos, también, como un tío.

LEANDRITO, EL MÉDICO DEL PUEBLO

Otro de sus mejores amigos fue Leandro Sierra, Leandrito, el boticario de La Junta. Sierra contó que Diomedes Díaz lo bautizó ‘el médico del pueblo’, porque Leandrito era y aún es una persona humanitaria, no les cobra nada a las personas por sus consultas como médico popular.

Dice que lo conoció cuando Diomedes trabajaba como mensajero de la emisora radio Guatapurí, en Valledupar, aunque desde muy niño ya conocía sus andanzas porque Leandrito le llevaba 33 años de diferencia, es decir, que podía ser su padre, inclusive su abuelo.

El ‘médico del pueblo’ lo recuerda como un adolescente inquieto, humilde y bien criado, así como lo cantaba el cacique: “yo fui bien criado, no deambulante, les agradezco como buen hijo el servicio…”, el Cacique inició su vida artística desde muy joven, él siempre irradiaba y manifestaba su gusto por la música.

Cuenta una anécdota muy particular de las muchas que vivió con Diomedes: una mañana cualquiera fue a su casa y le dijo, ‘vengo a conversar con usted, pero tengo hambre’, y le dije, no te preocupes, ya te mando a preparar un sancocho; entonces mandé a buscar gaseosas y chitos, y después de tomarnos unos tragos le dije: ven a la mesa y nos comemos el sancocho, y se encuentra el ‘Cacique’ con la sorpresa… y dice: “eso no se me va olvidar nunca (risas…)”. Siempre fue uno de sus grandes amigos y consejeros.

►CON QUIRO- QUIRO

Cuenta Alfredo José Quiroz Quiroz, más conocido como Quiro-Quiro, un vallenato administrador agropecuario que conoció al Cacique de la Junta de una forma especial, en el año 1989, cuando Quiro-Quiro se encontraba en recuperación en el Hospital Militar de Bogotá por un accidente que había sufrido. Y como era costumbre las visitas de amigos, llegó Gustavo Cabas Borrego a cumplir con su deber y para entrar en conversación amena, le comentó que Diomedes estaba grabando el CD. Y le dije a Gustavo: “compadre, lo único que me puede hacer caminar a mí en este mundo es que Diomedes Díaz me nombre, y eso llegó a oídos del ‘Cacique’, y me contaron que hasta lloró, porque él era muy sentimental, entonces me nombra por primera vez sin conocerme’.

Posteriormente, en el 1990, tengo la oportunidad de conocerlo en una parranda. Apenas me vio se me arrodilló y me dijo: “yo quiero estar como está usted” (en silla de ruedas), yo le dije: Cacique, como se le ocurre, no piense eso, vea, no diga eso, sus seguidores lo queremos así, porque usted es el ídolo, el más grande del vallenato.

►TAVO MOLINA, EL AMIGO DE SIEMPRE

Gustavo Molina, uno de los agrónomos más representativos de la provincia de Badillo, fue amigo de ‘El Cacique’ desde antes de convertirse en el ídolo de la historia del vallenato; hoy con mucha nostalgia cuenta su más vivo recuerdo, fueron miles de anécdotas con el ‘Cacique’ porque anduvo con él desde sus inicios, fueron compadres de sacramento.

Cuenta Gustavo que conquistó a su esposa (Denis Pimienta), al lado de Diomedes, dándole serenatas, parrandeando, tanto así que en la canción ‘La ventana marroncita’ hay una estrofa que dice: “me mandas pa’l guayabo un jugo de naranja”, en esa estrofa “Diomedes me manifestó que su inspiración lo llevó a escribir eso por los momentos vividos cuando le poníamos las serenatas a quien hoy es mi esposa; llegábamos amanecidos donde ella y nos guardaba jugo de naranja. “Fue un gran amigo, el Cacique nos va a hacer mucha falta, comenta Gustavo ‘Tavo’ Molina.

►NO ES QUE SEAMOS RICOS…

Una vez me convidó para Cartagena, en Semana Santa, a mí, que soy de pueblo, que era un muchacho que poco viajaba, llegamos a la heroica y nos hospedamos en el hotel Capilla del Mar; Diomedes mandó a pedir unas picadas y whiski para comenzar la parranda, y me pregunta: ‘Cobo’, cómo la están pasando, y le dije “bien, bien…hombe, Cacique, y no es que seamos ricos pero sabroso si la hemos pasado”, y eso fue risa para él y me ponía a repetirle eso varias veces, porque le gustaba mucho la jocosidad; finalmente ese dicho quedó para la historia, ya que Diomedes en muchas de sus presentaciones lo lanzaba.

Diomedes Díaz Maestre, El Cacique de la Junta, fue un hombre que vivió su existencia a fondo, compuso más de setenta canciones (ver recuadro), algunas de las cuales fueron grandes éxitos y hoy en día son clásicos de la música vallenata. Grabó más de treinta y siete trabajos discográficos y cantó con muchos acordeoneros (Ver recuadro). Murió cuando aún tenía mucho que darle a esta música y a Colombia, a los 56 años, el 22 de diciembre de 2013. En su homenaje, Valledupar y Colombia realizan este 47º Festival de la Leyenda Vallenata.
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