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Entrevista con Juan Humberto Roís Dereix el hijo de Juancho


Aunque la respuesta se hizo evidente durante la conversación, hice la pregunta: ¿Te sientes orgulloso de tu papá? – ¡Bastante! Y como si no hubiera sido suficiente, lo repitió, está vez se escuchó más contundente –¡Uff, bastante! Así, sin vacilaciones y dándole más fuerza a su diálogo pausado, respondió Juan Humberto Rois Dereix, el hijo de uno de los acordeoneros más recordados de este folclor, Juancho Rois, que murió el 21 de noviembre de 1994 en un accidente aéreo en Venezuela, cuando su hijo apenas se formaba (tres meses de gestación) en el vientre de su madre, Jeny Dereix, quien un mes atrás de esa fatídica fecha que golpeó fuertemente al vallenato, había sellado un amor del que se conoció a través de las composiciones (Por qué razón y Aunque no quieran, ambos temas éxitos en la voz del Cacique de La Junta) que el acordeonero le hiciera a la monteriana que desde el primer momento que se miraron en una caseta en Tolú, le robó el corazón. /Y desde el primer momento te metiste en mí/

La hermosa, pero corta historia de amor de sus papás, Juancho la supo desde siempre, se la apropió, la cuenta entregando detalles que hasta pareciera que él hubiera estado presente. Su voz a veces le falla y se entrecorta delatando la nostalgia que lo embarga y que se le hace inocultable, y confiesa, un poco más avanzada la entrevista: “Me da mucha nostalgia que no pude conocer a mi papá”, lo precisa revelando que “uno de hombre es muy apegado al papá, y yo nunca lo tuve, y eso me da duro, más cuando veo a mis amigos con los suyos”. Este sentimiento es tan marcado que Juan Humberto acepta que ha llegado a cuestionar a Dios. La añoranza y la tristeza condujeron la charla al tema que él le huyó por mucho tiempodespués de tener conciencia, la muerte de su papá.

¿Cómo te hablaron de la muerte de tu papá?
“Era un tema que evadí, no quería enfrentar esa realidad, mi mamá intentaba hablarme, pero el miedo que me invadía y no me permitía afrontarlo, ella lo respetó y tuvo paciencia hasta que yo me sentí preparado”.
El momento llegó, para entonces, Juan Humberto no alcanzaba la edad de 8 años. “Empecé a investigar por mi cuenta, vi videos, me atreví a leer recortes de periódicos”. Y aunque asegura que ya es ‘grandecito’, que ahora comprende mejor, y que por lo tanto habla más tranquilo del tema, el sentimiento le gana, agacha la cabeza y hace una pausa, corta, toma fuerza, y dice “rompí en lágrimas”. Pese al manejo que su madre, Jeny Dereix, y el resto de su familia quisieron darle, Juancho dice “entré en una depresión, aunque nunca conocí a mi papá empecé a extrañarlo a querer saber de él”.

La tristeza es opacada por una leve sonrisa que denota orgullo “Mi papá era un bárbaro (del acordeón)”. La sonrisa se amplió “él impartió un estilo propio, todavía no han podido superarlo. Escucho sus pases maquillados, él se adelantó 20 años con el acordeón”. De inmediato destaca “esa interpretación en el tema ‘Lloraré’, al lado de Jorge Oñate, es lo máximo, porque mi papá juega con los bajos, para mi esa fue el punto de partida de mi papá, ahí demostró que era bueno ejecutando el acordeón”, remata “esa época de mi papá fue grande”.

Y aunque habla con cierto conocimiento confiesa que lo de él no es el acordeón “aprendí a tocar el acordeón, por presión de la gente que quería ver como lo hacía, y aunque no lo practique, si escucho vallenato todo el día todos los días, me la paso en Internet viendo sus videos, compró los cd en caseta con Diomedes”.

Luego de hacer un recorrido por el pasado, Juan se ubica en el presente y explica el motivo de su visita en Valledupar “aproveché esta semana de descanso en el colegio y me vine a visitar el pueblo”, dice refiriéndose a San Juan del Cesar (La Guajira) tierra que vio nacer a su talentoso papá y donde reside su familia y los grandes amigos que le heredó su padre y aunque la diferencia en edad es bastante, Juan habla de ellos con emoción “los amigos de mi papá ‘La flotilla’ me alegran y me reciben con mucho cariño,e so me llena, me emociona”. Pero mucho más ese grito de alegría mezclado con lágrimas de su abuela Dalia Zúñiga “ella me dice que la hago muy feliz”.

Juan ¿qué fue lo primero que hiciste en este viaje de vacaciones?
“Sentí la necesidad de visitar a mi papá, llegué directamente de Montería al cementerio (En San Juan), ni siquiera bajé los motetes, quise ver como esta la tumba, tenía dos años que no venía”. Revela que prefirió venirse a La Guajira y Valledupar a un viaje que le propuso su mamá a Estados Unidos “son pocas las veces que puedo venir, tengo que aprovechar”, afirma este estudiante de décimo grado a quien le gustaría estudiar ciencias políticas.

Por último, ¿En que dicen que te pareces a tu papá?
Suelta una carcajada y responde “mi abuela dice que la genética es jodida por que pese a que en lo físico no es mucho el parecido, pero que en lo mal estudiante y lo embustero si somos iguales”.

Escrito por: Damaris Rojas Quintero
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