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'Somos la última generación que bebió de la fuente' Entrevista con Jacinto Leonardi Vega


En la medida que este folclor se vino degradando, el público amante del Vallenato comenzó a extrañar el mensaje y las melodías de las canciones de las generaciones anteriores.

Entonces se despertó un marcado interés por escuchar las canciones que hasta entonces habían sido éxito en versiones de las grandes figuras del género, en la propia voz de sus autores, dice amble, sin prepotencia, con el cantadito de la gente del Valle, el gran compositor Jacinto Leonardi Vega.

Y claro que es grande, por sus treinta años componiendo música y cosechando triunfos.

Leonardi es autor de muchos éxitos que hemos escuchado en las grandes voces del vallenato: “Espérame” – Silvio Brito 1984.

“No se que tienes tu” – Diomedes Díaz 1985

“Asi he quedado yo” – Los Betos 1985

“Que será de mi” – Jorge Oñate 1985

“Cuando me voy” – Diomedes Díaz 1986

“Vivo enamorado” – Iván Villazón 1991

“Cambia el nido” – Los Betos 1997

“Sobre las nubes” – Hermanos Zuleta 2001

“Detrás del mar” – Diomedes Díaz 2002

“Dos estrellitas y tu” – Iván Villazón 2002

“El amor total” – Diomedes Díaz 2011

Jacinto es crítico, hablando del nuevo vallenato:

-Por el lenguaje y los ritmos se parecen mas a cualquier género urbano discotequero que a la música de nuestros ancestros, pero les resulta buen negocio, respetemos entonces. Nosotros seguiremos en los nuestro; “después que no cambie yo” (dijo Alejo Durán)

Compositores en la tarima

Recuerda Leonardi Vega que desde principios de los 90 hasta hoy, a partir de iniciativas gestadas en los festivales de música vallenata y fiestas particulares de los pueblos de las sabanas de Bolívar, Córdoba y Sucre, comenzaron a invitar a los compositores.

-El movimiento, comenzó con invitaciones casi informales para adornar las fiestas de la sabana a los compositores consagrados hasta entonces: Rafael Escalona(+), Leandro Díaz(+), Adolfo Pacheco, Máximo Movil(+), Hernando Marín(+), Sergio Moya, Gustavo Gutiérrez, entre otros. Fueron los primeros protagonistas de ese escenario que mezclaba la parranda con la cultura, que en últimas es lo mismo.

“Se extrañaba lo bello de las inspiraciones que contenían narrativa con poesía, además de respeto a las mujeres y al idioma; entonces el interés creció cada vez más, hasta tal punto que hoy somos un grupo aproximado de 20 compositores a los que permanentemente nos están invitando a eventos públicos o privados para que cantemos esa música que ya conocían pero interpretada por quienes la hicimos, aunque no seamos cantantes, les transmite algo que los transporta a una dimensión que creían perdida”.

La última generación

Jacinto pertenece a la última generación que tuvo contacto directo con la esencia más pura y verdadera de la cultura vallenata:

-Nacimos en los 60 (1963 en mi caso). Esto significa que cuando comenzamos la adolescencia y la música de acordeón hacía parte de nuestras vidas, estábamos escuchando a Diomedes (el compositor) que tanto influyó en nosotros, pero además estaban vivos nuestros grandes referentes: Escalona, Alejo, Emiliano el Viejo, Calixto Ochoa, Juancho Polo, Luis Enrique, Tobías Enrique, Carlos Huertas, Chema Gómez, Fredy Molina, entre otros, y yo, hablo por mi, tuve la fortuna de verlos a todos los que menciono, o bien deambulando entre la bulla alegre del Festival Vallenato que ya en los 70 era una cita obligada, o en alguna parranda de patio de cualquier rincón de La Provincia.

Cuando digo “nosotros” me refiero a los compositores de mi generación: Fernando Dangond, Iván Ovalle, Fabián Corrales, Chiche Maestre, Luis Egurrola, Omar Geles y otros nombres importantes. Alguna vez en una parranda – tertulia reciente- dije que somos “la última generación que bebió de la fuente” y cada vez estoy más convencido.

Vallenatos como si fueran poemas

-Nací en La Junta, corregimiento de San Juan del Cesar – La Guajira, en el corazón de la histórica y romántica Provincia de Valledupar y de Padilla (esto abarca territorios del norte del Cesar y sur de La Guajira) y definitivamente, las circunstancias de tiempo y de lugar que me hicieron coincidir con protagonistas como el mismísimo Diomedes Díaz, Martin Maestre, Marciano Martínez y Juancho Rois, me marcaron para siempre, ese es un premio de la vida para mi.

Esa forma de cantar vallenatos como si fuesen poemas que nos enseñaron Rosendo Romero (Fantasía), Tomás D. Gutiérrez (Campana), Fernando Meneses (Relicario de besos), Octavio Daza (Rio Badillo), Santander Durán (Ausencia), junto al costumbrismo romántico de Roberto Calderón (Luna Sanjuanera) ó Rafael Manjarres (Desenlace) diseñaron mi hoja de ruta, ¡que nivel por Dios!!

Como todo hijo de una familia de provincia me vine a Bogotá en 1982 a estudiar arquitectura, creo que la música no me dejó seguir, de todas maneras debía mostrar un diploma de universidad y me gradué de economista mientras comenzaron a grabar mis canciones:

He ejercido la profesión que estudié pero tengo por dentro un “aprendiz de poeta” que le pone música a unos versos con un silbido que es como mi instrumento, porque mi mamá no quiso que aprendiera a tocar acordeón, me quedó la frustración.

Soy hijo único, mi papá murió trágicamente tres semanas después de mi nacimiento y mi mamá fue rodeada del cariño de su familia y crecí entre una familia grande de tíos y primos.

¿Mi mejor canción? mis dos hijas, María Laura y Ana María, de 24 y 16 años respectivamente.

Ahora que se avecina el Festival Vallenato, Jacinto sugiere que deberían involucrar más a los compositores en sus eventos. “Hasta ahora, los espacios que tenemos en esa fiesta son promocionados por empresarios del espectáculo que detectaron el potencial…”.

Por: Édgar Artunduaga