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Crónica: Diomedes Díaz, un santo que no muere

Diomedes Díaz y El Cocha
Pese a lo que digan sus detractores Diomedes más que un ídolo vallenato es un sentimiento presente en cada parranda que se hace en Colombia.

Alguien me quiso engañar, diciéndome que Diomedes Díaz había muerto. “¡Mil veces mentiroso!”, me dije.

El Cacique de La Junta nació el 26 de mayo de 1957 para no morir más. Así que la Wikipedia miente cuando garantiza que su muerte se produjo el 22 de diciembre de 2013, pues el concepto de muerte ya ha sido revaluado y la discusión sobre ese tema está liquidada. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua debe liberar a las palabras, sobre todo, a la palabra libertad. Es un cementerio de voces y sonidos.

Diomedes Díaz ha elevado el vallenato a otros niveles musicales. Digamos que, con su magnetismo personal, inventó un nuevo estilo, una especie de variante del vallenato. Muchos cantantes jóvenes lo utilizan como escuela para modelar su estilo y llegarle al público.

A ese conjunto de características que identifican la tendencia artística de un cantautor como Diomedes Díaz, yo me atrevo a llamarlo el Diomedesón, así como el Joe Arroyo creó un nuevo ritmo musical llamado el Joesón. A los que creen que hablo desde la emoción y que, por ende, no hago uso de la razón, a ellos yo les digo que eso es cierto. Con Charles Chaplin consideramos que la humanidad piensa mucho y siente bien poco.

El vallenato es para sentirlo, disfrutarlo, parrandear, y es también para personas que quieran ser extrovertidas. Este es un género musical muy diferente de la gran danza introvertida argentina, como lo es el tango.

Cantar a voz en cuello y mojada por el licor en eternas reuniones etílicas con que se ahuyenta la tristeza en el Caribe colombiano es la función terapéutica de la música del Valle del Cacique Upar. Sin embargo, yo tengo el remordimiento de haber cometido el peor de los pecados que un hombre Caribe puede cometer: no he aprendido a bailar, a pesar de ser descendiente de Eduardo y Gregoria Medrano, destacados bailadores de bullerengue. Todavía guardo la esperanza de que un día de estos despierte a mi genio bailarín, porque en el Caribe la música se lleva en los genes.

Es por eso por lo que Diomedes Díaz llegó a ser un cantautor extraordinario. Aunque los escándalos de su comportamiento sean el caballito de batalla de sus detractores, el artista les envía un modesto y noble mensaje:
“Me inclinaba cuando fui un alumno siempre en ser un buen profesional y como no tuve pa’ estudiar fueron imposibles mis estudios”.

Por: Fernán Avid Medrano Banquet