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Los designios de Dios, son de Dios Elder Díaz & Rolando Ochoa

Elder Díaz
Por: Pepe Rubio

En las polvorientas calles del barrio Las Tablitas, de la cabecera del municipio de Fundación, jugaba a diario un niño de comportamiento aparentemente distraído pero que, realmente, era un chico seguro de lo que quería y para dónde iba.

Siempre se mostró orgulloso de ser hijo del más grande exponente de nuestra música vallenata, y su intento de incursionar en este difícil campo del arte musical autóctono del Caribe, era dos veces más difícil para él, porque el reconocimiento se lo darían el día que lo ganara por sus propios méritos.

Tenía claro que no llegaría de la noche a la mañana cualquiera a decirle: “Como eres hijo de Diomedes Díaz te vamos a hacer una gran figura del vallenato”. No, eso lo tenía claro Elder Dayán Díaz, quien era consciente de que su camino sería tan empinado como las montañas de hielo perpetuo de la Sierra Nevada, a cuyas faldas crecía. Para rematar su reto, otro componente se agregaba a la dificultad: viviendo en Fundación y no siendo hijo del hogar de Diomedes, le tocaría solo, pero solo es solo…Cuesta arriba.

Y solo comenzó su ascenso a la montaña. Esas circunstancias muestran los deseos y el tesón de un luchador de la vida, que afrontó tantas dificultades para convertirlas en fortalezas, emprendiendo solo su camino para llegar a ser reconocido: primero, como cantante; segundo, como un buen cantante y, tercero, como el hijo de Diomedes Díaz, reconocimiento este último el más difícil, porque debía honor y honra a una dinastía que ha escrito páginas de oro en la historia vallenata y debía estar a la altura de ella.

Entre las cualidades que distinguen a Elder Díaz están su humildad y su sencillez, y fue con estas armas que empezó su vida musical, a las que sumó dos ingredientes fulminantes para el éxito: disciplina y constancia.

Rosmery Rodríguez, su progenitora, al igual que sus tíos por parte de madre, tenían claro los alcances del joven artista y así apostaron el todo por el todo brindándole el apoyo de inicio que fue fundamental.

Así, comienza a trasegar un camino lleno de aristas y escabroso, con mucha decisión y fe, contando solo con su talento. A la edad de 13 años graba su primera canción con una agrupación musical llamada Colombia Mix y es ahí donde inicia la carrera de este joven gladiador.

Elder Dayan Díaz Rodríguez cuenta hoy con 27 años de edad, o sea que tiene algo más de 14 años labrándose un espacio en la música vallenata, mostrándose en escenarios y tarimas a lo largo y ancho de la geografía colombiana. Entonces, el sitio en que se encuentra hoy Elder Díaz no es producto de la improvisación ni constituye un acto de oportunismo, como algunas personas en las redes tratan de decir.

Es la cristalización de muchos años de trabajo, es el resultado de los sacrificios en su formación, es la búsqueda del reconocimiento indiscutido ante la grande y exigente familia vallenata.

Ya existe una marca en el mercado que se llama Elder Dayan Díaz que no llegó al medio musical tratando de suplantar a nadie, menos con el ánimo de reemplazar a nadie. El mismo con humildad, tesón y cariño cautivó un público que le ha brindado su confianza.

Hoy por hoy existe el ‘Elderismo’ y lo siguen a todas partes, acompañándolo en sus presentaciones y tarareando sus canciones en cualquier lugar de Colombia.

Una unión para el éxito.
Como amante de este folclor me satisface mucho que un joven de estas cualidades que se ha formado a pulso, día a día, momento a momento, haya sido llamado por un acordeonero de primera línea como es Rolando Ochoa, otro gran ser humano, temeroso de Dios y practicando siempre en sus actuaciones cotidianas la prudencia, la humildad y la sencillez.

Por designios de Dios, Rolando Ochoa se quedó sin compañero de fórmula y debe seguir adelante. Es dueño del legado que dejó su padre, Calixto Ochoa, y ha tomado como propia la tarea de continuar alimentando a los seguidores de sus melodías y composiciones. Y lo más importante: no sabe hacer nada más que tocar acordeón, componer y producir; tiene una familia que mantener, y solo por eso no hay razón para entrar a cuestionar la unión de Elder y Rolando con adjetivos, como lo hacen algunos en las redes, quienes descalifican esa decisión sin argumentos.

Usan palabras hirientes, punzantes, que parecen mostrar, verdaderamente, otra intención… ¿Que algunos músicos se quedaron en el camino? Sí, pero la mayoría tiene ya planes y los demás están contratados por otros artistas, porque son profesionales en lo que hacen, más cuando la agrupación -por el lado de Elder- les da la bendición para que sigan adelante en esta nueva etapa de su vida. No se pongan a lanzar comentarios destructivos, hagámoslos constructivos, menos aún se dejen llevar de quienes publican comentarios en las redes sin conocimientos, ni autoridad, ni nombre, ni historia alguna. Los crean para hacer esas fechorías, ni el valor de mostrar la cara tiene, aunque todos sabemos quiénes son y qué quieren.

Ser cantante no es fácil. Eso de dejar a tu familia en las fechas especiales y que tus hijos no sepan qué es un fin de semana compartiendo con papá, eso es muy triste. Eso de estar llevando todos los días alegría al mundo, sin importar tu estado de ánimo, eso indica que tu profesión es de mucho sacrificio, más que cualquiera otra. Eso de dormir en una silla de automotor, por cómoda que sea, eso no es descanso. Eso de tener que cantar y tocar instrumentos, tener que crear versos en medio de una presentación y tener que hacer que la voz y la melodía salgan igual a la de la grabación, a cualquier hora de la noche o de la madrugada, eso no es ni fácil, ni saludable, ni recomendable. Eso lo saben los artistas… y todo eso hay que hacerlo.

Por eso debemos valorar lo que tenemos y darle la oportunidad a quien se lo merece. Por lo antes expuesto, junto a Álvaro Álvarez, Javier Fernández Maestre, ‘El pollo’ Quintero y ‘Rey Latino’, me uno en apoyo irrestricto a la unión de ROLANDO OCHOA & ELDER DAYÁN DÍAZ. ¡Adelante muchachos: los designios de Dios, son de Dios!