Header Ads

Este es el odontólogo que le puso el diente de diamante a Diomedes Díaz

Daniel Zabaleta
El primer sobrino del Cacique de La Junta, que también es odontólogo, cuenta la historia del día que le puso un diente de diamante a su tío y de cómo este influyó en su vida profesional y familiar.

En marzo de 2013, antes de su fallecimiento, Diomedes Díaz llegó al consultorio en Valledupar del odontólogo Daniel Zabaleta Díaz,su sobrino, para que le pusieran su segundo diente de diamante. Lo curioso es que el Cacique no lo sabía. 

Lo acompañaban su manager José Zequeda y su esposa Consuelo Martínez. Ellos llevaban el diamante que un fanático le obsequió al ya mitológico intérprete de música vallenata más exitoso y vendedor de todos los tiempos. La pieza costaba alrededor de 25 millones de pesos, según sus familiares. Al final de la intervención, ya en la madrugada del siguiente día, Diomedes volvió a sonreír. 

“Le empezaron a tomar fotos, él tomó un espejo, se miró y dijo: —Ahora sí soy el mismo Diomedes—”. Daniel, el doctor, su primer sobrino, el mismo al que le dedica un saludo en la canción No llores mama, del último trabajo discográfico del Cacique La vida del artista, respiró profundo por la complacencia de su tío al que le puso el diente lateral, el 22.

El saludo dice: “Lo mismo que mi odontólogo Daniel Zabaleta Díaz, el que le pone la sonrisa italiana. Volentieri”. 

Antes de la muerte de Diomedes Díaz, Daniel cuenta que ya se estaba planeando otra operación en la que su tío se iba a implantar cuatro dientes de diamante más y ocho muelas de oro. 

Su origen

La música provocó el nacimiento del primer sobrino de Diomedes, Daniel Zabaleta. Su mamá, Gloria María Díaz Maestre, la segunda de 10 hijos que tuvo Elvira Antonia Maestre o ‘mama Vila’ y Rafael María Díaz, conoció al padre de Daniel en las correrías que Diomedes hacía por La Guajira y el Cesar para darse a conocer.

“Mi papá es Idelciro Zabaleta, él era cantante y su acordeonero era primo hermano de Diomedes, se llamaban Los alegres de Badillo. Razón por la cual Diomedes llega a Badillo, Cesar, tierra arrocera, buscando la oportunidad para que mi papá lo dejara cantar una canción en uno de los toques que lo contrataban. Ya después de tantas visitas él se hizo amigo de mi papá, dormía en la casa de mi papá, incluso se ponía su ropa para las presentaciones. Diomedes le hizo la invitación para ir a su casa en Carrizal y es allí donde mi papá conoce a mi mamá”, relata Daniel.

Pocos meses después, muy enamorados, Idelciro y Gloria se casaron. Luego nació el primer sobrino de la familia, Daniel Zabaleta Díaz.

Por boca de su padre, Idelciro, Daniel recuerda que este le decía que Diomedes fue la tercera persona en verlo, después del médico y su madre, porque se logró colar en la sala de parto del hospital en Valledupar. “Es barón, monito, y tiene los ojos azules”, le decía Diomedes a su compadre arrocero de Badillo ese 24 de marzo de 1981. 

Daniel es el mayor de cuatro hermanos en Colombia y tres más en Venezuela (de otra relación).

Anécdotas

Sentarse a charlar con Daniel Zabaleta, el odontólogo de la Sonrisa Italiana, como dice su eslogan que ya es marca registrada, es como escuchar varios vallenatos de antaño. Esas composiciones que eran crónicas campesinas de una parte del Caribe y que hoy pareciera que se extinguen sin remedio, con la complacencia de las disqueras y un mercado que prefiere el salto a la contemplación.

Las anécdotas que vivió en los pocos pero rendidores momentos que pasó con su tío Diomedes hacen parte de sus consultas por pedido de sus pacientes. 

Daniel asegura que ya está acostumbrado y le gusta contarlas. Por ejemplo, la ocasión en la que le pidió que le alquilara un tractor para sembrar arroz en unas hectáreas de su padre. Finalmente Diomedes se lo prestó, y no solo eso, le dio el acpm que le aseguraría su funcionamiento. El negocio fue un éxito y la cosecha se repitió.

Daniel también recuerda la vez que su tío le propuso pagarle su especialización, después de que terminó su pregrado de odontología en Barranquilla.

“Cuando me gradué fui a visitarlo a su casa en Valledupar. Allá me le puse a la orden. Él me dijo: —sobrino yo quiero que usted se especialice, busque la mejor universidad y yo le colaboro—. Yo le respondí que en Bogotá y él me dijo que no, que me fuera del país, que quería que fuera el mejor odontólogo de Colombia y traspasara las fronteras, que pensara en grande”.
Luego, con su novia Isabel Caroprese, quien hoy es su esposa y madre de su hija, Daniel partió a Italia con el apoyo económico del Cacique.

“Él me colaboró con eso. Me especialicé allá en hacer dientes naturales, copiarlos lo máximo posible. Primero me fui un año a Perugia para estudiar el idioma, un año después me fui a Roma y terminamos en Caserta, porque allá había una universidad muy buena. Tenía la especialidad de ortodoncia y cirugía maxilofacial. Allá presenté una tesis y me gradué”, afirma.

Sonrisa italiana

Lo que hoy es su marca registrada fue la idea que salió de la mente de Diomedes que después inmortalizó en la canción No llores mama. Pero más allá de la genial idea, que marcó “un antes y un después” en su vida profesional, “la técnica italiana de la estratificación”, que aprendió del doctor Lorenzo Vanini, es su factor diferenciador en el servicio que presta.

“Él se da cuenta que el diente tiene muchos colores y crea la técnica para simular el diente natural. Esa es la diferencia que me marca. Mucha gente llega a mi por Diomedes, eso hay que reconocerlo, pero lo que me ha mantenido es el buen trabajo que se hace”, expresa Daniel Zabaleta Díaz, quien hoy día tiene un consultorio en Valledupar y otro en Barranquilla, en la carrera 52 con calle 84.

Por último, el odontólogo recomienda a las personas, cuando se van a realizar un trabajo odontológico, verificar los antecedentes del profesional, cerciorarse por el testimonio de personas conocidas, que “tengan una referencia, que sea un profesional reconocido, que usen materiales de primera calidad, de mejor durabilidad, que no se pigmentan tan fácilmente, que tengan mayor resistencia, mejor acabado y fluorescencia”. “Que tengan claro lo que quieren y que en verdad lo necesiten”. 

Fuente: Al Día