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El 26 de mayo que Barranquilla nunca olvidará

Diomedes en Trucupey
(Barranquilla, departamento del Atlántico, norte de Colombia). Cuando el pasado sábado en la tarima de la Discoteca Tricupey Latin Disco, del Centro Comercial Portal del Prado Diomedes Díaz Maestre cantaba “El 26 de Mayo”, repentinamente se acercó a Álvaro López y le dijo al oído -palabras más, palabras menos- “Festival Vallenato”; el acordeonero comprendió el pedido del cantante, asintió con la cabeza afirmativamente, y en segundos, reflexionó el tono de la nota para digitar -forzando los pitos del acordeón- y sacar los primeros acordes uno de los grandes clásicos del folclor colombiano, compuesto por el músico sanjacintero, Adolfo Pacheco Anillo.

Al escuchar el acordeón, Diomedes pidió un ajuste inmediato en la digitación del ritmo a Álvaro López. Este paró unos segundos la ejecución, regresó sobre su espalda, conversó con el bajista Isaac Carrillo Vega detalles del acompañamiento, rectificó la nota y tocó: “Parararara papammm, parararara papammm… Parararara papammm, Parararara papammm… pararara, pararara…pararara… parararara … ”

…Diomedes entonó… 

“Acabo con los Buendía
Ahora donde irá a parar
Parece que ya el Cesar
Le quedan poquitos días (Bis)

“Rafael tiene la razón
Cuando habla de estacionado
Cuando dice que este folclor
Lo tienen civilizado

Quisiera preguntarte Rafael
Cuál es el festival que has elegido tú
Para el pueblo vallenato

Si tu comportamiento contrasta con el
porque el folclor es del campo…”

¡Jueeeeeeeeee…! se lo dejo ahí…, remató El Cacique de la Junta…

Los asistentes a esa famosa discoteca se quedaron perplejos de que Díaz Maestre sacara del cajón de sus recuerdos tal clásico. El murmullo que prosiguió a la ovación patetizaba la aclamación que levanta este artista al mostrar su talento innato y hacer de esta noche barranquillera una de las de tener en cuenta a la hora de valorar el por qué de su vigencia musical.

La madrugada había sido solo la conclusión de la inmensa expectativa que levantaba la presencia del cantante en ese sitio de esparcimiento y en el lugar en el que por años Díaz Maestre arrasó con los premios que otorga el Carnaval de Barranquilla, los Congos de Oro.

Los organizadores de la fiesta habían estado pendientes de que todo se llevara como se había planeado en esa fecha tan especial para el artista y para ellos como empresarios. Aunque abrigaban expectativa pero la certeza de que llegaría que les dio una fuente hizo que decidieran abrir las taquillas. El todo por el todo.

La venta de las boletas ‘duró menos de lo que dura un merengue en la puerta de un colegio’. Decenas de personas festejarían con el cantante su cumpleaños 55, un hito importante ahora que en los años postreros de lo que es su vida musical –como a toda persona- interesa que se conserve en salud y saque, de entre pecho espalda, lo mejor de lo que por años ha tenido acostumbrada a su fanaticada que ese día, 26 de Mayo rompió todos los pronósticos de aclamación en Colombia y el exterior, de acuerdo con los reportes de las redes sociales y del seguimientos masivo de emisoras en toda la costa norte de Colombia, el interior del país y otros tantos sitios del mundo. (No lo dice el cronista, lo demuestran las fuentes y estadísticas).

Solo unos minutos antes de cantar “Festival Vallenato”, Diomedes había escuchado llorando, extasiado, con el pie izquierdo encima del sonido frontal de la tarima, y apoyando su codo del mismo lado en la rodilla para sujetarse con la mano la cara, la voz de la multitud que le dedicaba su propia canción…

“…Y se conoce con el nombre de Diomedes…”, decía la multitud. Atrás, el músico Tulio Gutiérrez soplaba el bombardino definiendo la base musical y el conjunto proseguía la ejecución mientras Díaz lloraba.

Alfredo “Fello” Gutiérrez, su segunda voz, conmovido, calló. El asistente personal de Diomedes en tarima, se acercó, se sintió ‘más perdido que Papa Noel en Mayo’, se sorprendió, no supo qué hacer y optó por devolverse a la espera de que el artista prosiguiera su canto. 

Era una noche singular.

Ahí dentro del público, tanto ojos extraños como allegados, lo acompañaban. Recordaban los días pasados a la vera de ese hombre. Lloraba, y lloraban, todos. Rezaban para que “Dios lo conserve muchos años más, para que sepa que lo queremos, que lo amamos, que nos acordamos en nuestro silencio de él”, y que esa grandeza también debe decantar en el sentir de que en las cosas más sencillas de la vida es donde quizá se encuentran las mayores felicidades.

No en vano, todo el arreglo de los globos azules, rosados y verdes que formaban un arco a sus espaldas en el escenario se había hecho con más amor que dinero, y era un humilde regalo de cumpleaños de manos laboriosas de gente que le deseaba lo mejor para este hombre se mantenga adonde ha llegado con sentimiento, fe y emoción.

Y esto ni que decir de los confetis que apenas subió a tarima le reventaron encima. Removieron cielo y tierra para contar con la máquina que expulsa los recortes. “Era para decirle que nosotros y Barranquilla estamos con él”. Lágrimas de cariño vertieron por él, de saberlo cerca, por sentirlo amado por ese público, en plural y en singular, por personas que con muy poco dinero en los bolsillos, pero rebosantes de amor y con ganas de darle un simple abrazo y estrecharlo así fuera un minuto -que pareciera una eternidad- le dijeron que La Arenosa es tan su casa, como lo es el mundo entero. Que no hay nada más comunicado que un teléfono roto que se reemplaza por un ‘grito pelao’ de corazón a corazón.

“Te necesito”, “La Tiendecita”, “Cristina Isabel”, “La Plata” y muchos de sus éxitos que en el pasado significaron las vivencias personales del artista llegaron a los oídos de los barranquilleros como un mensaje de amor de un hombre que, así se imagine como que lo valoran los suyos, jamás encontrará palabras en el español que reflejen tanto y tan bien una simple mirada que dice más que mil palabras.

Recordando aquellas palabras que algún día el hoy fallecido Rafael Díaz, su padre, le dijera a este cronista ahí bajo en palo de limón del Barrio San Joaquín, en Valledupar: “Él sabe que hay que cuidase porque mire usté cuanto amor ve uno que la gente le va dando es por todo la’o”.

Se las dejo ahí.

Frase del día: “si quieres saber cuánto te quieren, anda, cuenta las estrellas del cielo…” (F. Annele).

Por: Héctor Sarasti / Periodista / Desde España
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