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A 11 años de su muerte: Frases célebres de ‘La Cacica’ Consuelo Araujonoguera

Consuelo (q.e.p.d)

El 29 de septiembre de 2001, hace 11 años, se despidió abruptamente de la vida Consuelo Araujonoguera, ‘La Cacica’, dejando un inmenso legado y unas frases amorosas, sinceras, polémicas y hasta premonitorias como la dicha el 8 de marzo de 1968: “Con el paso del tiempo el vallenato se impondrá en el mundo”.

La vida de una persona no se acaba cuando muere porque en el universo que ocupó quedan fotografiados, pintados y escritos los mas bellos recuerdos y las tristezas que nunca se borran, así los años corran con la fuerza que le dan los días, las horas, los minutos y los segundos. En el caso de ‘La Cacica’, esta en una realidad inocultable.

Ella, dejo huellas en todo su accionar sobre la faz de la tierra en el caso del folclor, de la cultura, del periodismo y de su quehacer provinciano desde donde dio el salto a la gran capital.

Consuelo profetizó lo que está pasando con el vallenato, que es consecuencia de la semilla que ella sembró, porque se la jugó con esos campesinos pobres y sin educación, que abrieron el camino para que hoy el vallenato camine por la alfombra roja de los Premios Grammy Latino. Creó un Festival en el que nadie creía y demostró de paso que iba a llegar muy lejos.

En su larga vida, 61 años, habló, escribió y dijo frases célebres que hoy es importante recordar.

1.- Para sacar adelante el Festival de la Leyenda Vallenata han sido indispensables noches insomnios y días sin descanso para poder hacer todo lo que está hecho, pero hoy podemos decir que, pese a que la tarea no está concluida, hemos logrado rescatar parte importantísima de nuestro pasado histórico y echar la bases de lo que ahora es, sin discusión, la mejor imagen de Valledupar y de lo que los vallenatos somos y representamos ante Colombia y ante el mundo.

2.- El Festival de la Leyenda Vallenata no es una simple reunión de conjuntos típicos de acordeón, de compositores, de cantantes que durante varios días interpretan canciones, sino que detrás de todo eso, que también existe, está latente una poderosa fuerza cultural de hondas raíces y grandes proyecciones que no podían dejarse perecer.

3.- Cuando comienza abril, en medio de la dura realidad nacional, nuestra acordeoneros, cajeros, guacharaqueros, compositores, verseadores y cantantes nos confirman una vez más que hay empresas grandes y empresas pujantes y empresas famosas y empresas muy ricas…Pero la mejor, la única empresa del espíritu que sobrevive y se mantiene pese a todo y más allá de todo, se llama Festival de la Leyenda Vallenata.

4.- El Festival de la Leyenda Vallenata, o resumido Festival Vallenato, nuestro festival, tiene la virtud de haberse convertido en el exorcista anual de todos los demonios que nos acosan; en la posibilidad que tenemos de vencer otra vez al diablo de la indolencia, al espíritu malo de la indiferencia y ser desde hoy como ayer, los héroes del duelo. El maligno presiente con rabia y frustración el festival: será derrotado sin tregua en esta tierra bendita de gentes amables, abiertas y de corazón fácil.

5.- En medio de la crisis de valores que sacude al planeta esta gran empresa espiritual, llamada Festival de la Leyenda Vallenata, está repartiendo utilidades y cada quien recibirá a manos llenas sus cuotas de alegría, sus porciones de esperanza, sus dividendos de fe en las ganancias que hemos cosechado y acumulado en muchos años de rédito de este gran tesoro de la cultura y del espíritu que es, al fin de cuentas, el capital más sólido y la riqueza más grande del hombre sobre la tierra.

6.- Si el Palo de mango hablará tendría que empezar a contar las lágrimas que hemos derramado, las iras que he cogido, las injusticias que han cometido, los insultos que nos han hecho, pero también de pronto el Palo de mango terminaría cantando ‘El amor, amor’ para decirles a todos que el Festival de la Leyenda Vallenata, es una institución y que gracias a Dios ya está consolidado, que pienso que es como un tren al que hay que prenderle la máquina y camina solo.

7.- El vallenato de verdad no se hace. No se fabrica. No se elabora, ni siquiera, digo yo, se piensa o se diseña. El simplemente nace. Nace con fuerza como cualquier machito entre sollozos y pataleos después de que lo engendra el sentimiento y lo pare la inspiración.

8.- Mi peor defecto, la impaciencia y la intransigencia con cosas mal hechas. Detesto la mediocridad y a los pusilánimes. Odio la picardía y la deshonestidad, a los picaros y deshonestos de cualquier género, número y tamaño. Odio los perezosos y a los desordenados, en el orden moral, se entiende.

9.- Confió en que el vallenato, el autentico, el puro, el sacrosanto vallenato de Francisco El Hombre, de Chico Bolaño, de Emiliano Zuleta Baquero, de Lorenzo Morales, de Luís Enrique Martínez, de Rafael Escalona, de Tobías Enrique, de Gustavo Gutiérrez, y de otros tantos que se me olvidan, pero que valoro, no muera nunca de muerte natural y menos asesinado por los reformadores con alma de mercaderes.

10.- El mejor homenaje que puedo recibir el día que yo muera, es que no callen los acordeones y que el Festival de la Leyenda Vallenata, siga siendo la mayor carta de presentación de mí amado Valledupar.

Así fue toda la vida

A propósito de este rosario de frases de ‘La Cacica’ expresadas en distintos momentos de su vida, el periodista Juan Gossaín quien la conocía, escribió lo siguiente: “Mi comadre fue así toda la vida. Explosiva y maciza. Ni en amores ni en desamores conoció jamás el agua tibia ni la media tinta. Mi comadre era una fuerza desatada de la naturaleza, como los terremotos o los huracanes, o como los derrumbes de hielo que estremecen la montaña nevada en que murió. Escribía como hablaba y usaba las mismas palabras rotundas para la querencia o para los rencores, para el cariño o para el encono, para sus alegrías y sus tristezas. La diferencia estaba en el acento amoroso de sus reproches. Nunca en mi vida he conocido una mujer más sincera. Rafael Escalona, quien tenía motivos para saberlo, me dijo una vez. “Mi comadre es la única mujer a la que le tengo miedo, pero ninguna me ha querido más que ella”.

Por Juan Rincón Vanegas