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Una anécdota del cantante ‘Poncho’ Zuleta, que le dio vida a la canción ‘La muerte del buen amigo’.


Por allá en los años setenta del siglo anterior, me desempeñaba en toda la Costa Atlántica como promotor de ventas de un afamado matamalezas para potreros, y en Pivijay, Magdalena, uno de los centros ganaderos más importantes de la zona ribereña, don Vicente Caballero Campo era uno de los principales clientes y figura de reconocimiento nacional como el gallero más veterano y exitoso del país. Su tradicional cuerda de gallos era respetada en todas las plazas donde a pico y espuela sus aves combatientes hacían valer su casta.

Lo cierto es que estos plumíferos peleoneros hacían estragos ante sus rivales, y en una época fueron tan temidos que en ciertos pueblos nadie les hacía parada a los gallos de Pivijay. Esta situación fue descrita por el compositor guajiro Armando Zabaleta en el merengue ‘Los gallos de Pivijay’, cuando en 1960, en la tradicional concentración gallística de comienzos de febrero en Villanueva, La Guajira, nadie apostó contra ellos.

El día cuatro de febrero ninguno quería pelear
Porque ya le tenían miedo a los gallos de Pivijay
Pa’ modo de poderlos pelear 
Tenían que echarlos de contrabando 
Y se oía a la gente murmurando
Que si no serían de Pivijay.

En 1974, para las fiestas de mayo en Pivijay, el conjunto de los Hermanos Zuleta fue invitado por don Alfonso Severini, notable ganadero de la región, quien remató el festejo con una espléndida parranda en la cercana hacienda Santana, de su propiedad. Entre los presentes se encontraba don Vicente Caballero, a quien le impactó sobre manera la gracia y el vigor del cantante de moda en esa época, ‘Poncho’ Zuleta.

En una de mis visitas a Pivijay para promover mis específicos, fui gentilmente invitado por don Vicente a presenciar una “topa” entre varios pollos que en poco tiempo se proyectaban para saltar a la valla. Descendían de una especial línea o cría, llamada ‘Los Navaja’, por lo mortal de sus espuelas, las cuales durante la “topa” van cubiertas con un protector para que los gallos no se hagan daño, ya que esta suerte tiene como objetivo observar la calidad de los animales jóvenes. Concluida la faena, el pollo que mejor pateó y mostró mayor agresividad con el pico fue bautizado ‘Poncho’ Zuleta en honor al cantante vallenato que tanto admiraba el famoso gallero.

Era un pollo pinto blanco, de lomo colorao, de talla imponente, ojos de víbora, canto altanero, brioso pico y medianas espuelas que auguraban sus futuras victorias ante cualquier contrincante. Estos fueron los versos iniciales que empezaron a moldear la canción alusiva a este episodio:

De esa cuerda tan famosa que tiene allá en Pivijay
Que le ha dado tanta gloria a don Vicente Caballero
Fue escogido un brioso pollo de talla muy singular
Pa’ ponerle el mismo nombre de un amigo parrandero.
Y don Vicente a mí me cuenta 
Que él lo puso “Poncho Zuleta”.

Una vez regresé a Valledupar, le comenté a Zuleta los detalles del bautizo, y este además de quedar complacido, se comprometió a estar presente en Pivijay el día que el pollo homónimo enfrentara la primera riña.

Dos meses más tarde, una mañana cualquiera, cumpliendo un hábito casi religioso, don Vicente llegó tempranito a la gallería, y de inmediato el encargado de ésta, sin coger puntería, le disparó tremendo riflazo: “¡Patrón, se murió “Poncho Zuleta!”.

Don Vicente invitó a Poncho pa’ cuando llegara el día
En que el pollo se estrenara tuvieran feliz encuentro
Y una mañana temprano al llegar a la gallería
Le dieron fatal noticia de que Poncho se había muerto,
Y quedó muy adolorido 
Por la muerte del buen amigo.

Muy consternado por la trágica noticia, don Vicente interrogó al empleado: “¿Qué sucedió? ¿Lo asesinaron? ¿Se accidentó?”, y este le respondió: “No, señor, el muerto no es su amigo el cantante, es el pollo al que le dio un infarto y quedó listo, no dijo ni pío”. Al recobrar la tranquilidad, don Vicente le dio gracias a Dios porque ‘Poncho’, el pulmón de acero del canto vallenato, estaba vivito y coleando y haciendo diabluras en las tarimas.

Pero aclarando las cosas entonces vino a saber
Que el difunto no había sido su amigo el buen parrandero
Sino el pollo de su nombre que pelear no pudo ver
Como Poncho estaba vivo le dio las gracias al cielo,
Y dice con mucha alegría:
“Poncho está vivo todavía”.

Un poco más adelante, al enterarme de lo ocurrido, surgió el paseo que titulé ‘La muerte de Poncho’, pero Zuleta, supersticioso en extremo, como lo son todos los artistas, lo rechazó de plano por considerar que ese título podría ser algo premonitorio de una tragedia para él. Después de haber zarandeado la canción con la élite parrandera de Pivijay, en presencia de don Vicente, los hermanos Alfonso y Federico Severini, Jaimito Caballero, Eduardo Llanos, Roberto Juan Herrera, ‘Juancho’ Peca, Carlos José Guerrero y Vicentico Caballero Corbacho, decidieron que el tema se grabara con el título ‘La muerte del buen amigo’.

Hoy la canción es conocida y coreada por cualquier gallero de tradición, en tanto ‘Poncho’ Zuleta no deja de persignarse y tocar madera cada vez que en una parranda le toca vocalizarla.

Por Julio C. Oñate Martínez