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Diomedes sigue siendo el rey, ahora en la era de Spotify


Siete años después de su partida con 165 millones de reproducciones de su música en las distintas plataformas, es de lejos el músico colombiano más popular.

La única vez que Daniella Alvarez, la reina que por un problema de trombos perdió una pierna en el 2020, ha sido insultada en redes fue cuando afirmó que su hermano era un corroncho porque escuchaba a Diomedes Díaz. Es que no hay nada más sagrado -después del Corazón de Jesús- para un colombiano que Diomedes. Independientemente de sus escándalos el guajiro sigue siendo recordado por sus canciones que, además, no han perdido vigencia.

Siete años después de su muerte Spotify reporta que más de un millón de personas han descargado su música y tiene otro millón de seguidores en la plataforma Deezer. Además, con 165 millones de reproducciones en toda su música, es el artista colombiano que, de lejos, es más escuchado en Youtube.

Los éxitos de Diomedes en el mundo digital se equiparan a los que tuvo en vida. Uno de sus discos más vendidos, Titulo de amor, obligó a que TCC y Coordinadora tuvieran que contratar transportes especiales para asegurar que los discos pudieran llegar a todo el país, donde sus fans los reclamaban con desespero. De ese disco se vendieron más de 600 mil copias. Hasta el día de su muerte en diciembre del 2013 el Cacique de la Junta había vendido 18 millones de discos. Su familia continuará recibiendo millonarias regalías hasta el 2093, cuando se cumplan 80 años de su muerte y se liberen los derechos.

Nada de esto imaginó cuando era un niño. El primer trabajo que consiguió Diomedes Días en Carrizal, el pueblo donde nació, fue el de espantapájaros. Cuentan que se ponía un sombrero rojo, unas alpargatas hechas por él mismo que tenían de suelas restos de llantas viejas y una camisa manga larga de algodón que resultaba sofocante en las mañanas ardientes de La Guajira. Así, bajo un sol imposible, se paraba en el centro del cultivo de maíz y movía las mangas de la camisa para que los pájaros no dañaran la cosecha.

Para soportar el aburrimiento se distraía haciendo música con una lata, con las piedras, cantándole al viento. Los Wayuu que vivían en la finca lo miraban pasmados. Era la voz de un sinsonte. Ante su espontáneo público Diomedes, de nueve años, detenía su canto. Cuando los Wayuu le pedían que siguiera el niño les pedía un pedazo de pan y café. Así descubrió que podía vivir de lo que más amaba en esta vida: cantar.

Y le metió empeño al talento y sabía que no habia de otra que trabajar y meterle aplomo y disciplina. Su familia se mudó a Villanueva. Diomedes, despierto para los negocios, vendía empanadas de arroz con carne en los descansos. Atraía a los clientes con su voz. Si bien el Colegio tenía una tienda, él vendía el surtido con rapidez. A los 18 años, convencido de que sería un cantante famoso, entró a trabajar como mensajero en Radio Guatapurí de Valledupar. Era la manera de estar cerca de la música. En esa época Diomedes era un muchacho que se levantaba a las cuatro de la mañana a hacer ejercicios con su voz y a pintar sus zapatos de distintos colores para disimular la carencia. Nunca quiso que le tuvieran lástima.

La fama se le asomó a los veinte años. Por esa época ya había grabado clásicos instantáneos como Consuelo, Frente a mí y El alma de un acordeón. El cronista Alberto Salcedo Ramos lo conoció en esa época. Llegó a San Estanislao, un pueblo al norte de Bolivar, en donde daría un concierto. Era 1979. Ya tenía el carisma arrollador que lo convertiría en el rock star criollo. Sorprendía su sobriedad. La gente se le abalanzaba ofreciéndole botellas de ron, de Whisky que rechazaba, igual que las inofensivas cervezas frías, tal como lo cuenta el cronista Salced Ramos en su reportaje Eterna Parranda:

-Los cantantes no consumimos bebidas frías, si me pongo ronco se nos daña el baile primo.

Allí lo vieron que lo único que sacaba de los bolsillos de su camisa eran pedacitos de panela. En esa época era impensable que un músico vallenato no fuera un alcohólico. El muchacho quería llegar lejos. Un consejo que le había dado su mamá y que practicaba a raja tabla era el de, entre canción y canción, tomarse una tacita de consomé de pollo y más panela. Ese día en San Estanislao la gente cantó y bailó hasta que se reventó.

Después, a medida que el éxito y la plata fueron entrando el corazón se le fue pudriendo y Diomedes nunca volvería a ser el jovencito cándido que quería triunfar. Con 3 discos grabados entre 1976 y 2013, con superventas como su CD 30 éxitos que vendió más de 1 millon de copias, y un catálogo de 183 canciones registradas a su nombre en la Sociedad Nacional de Compositores, lo de Diomedes es un negocio que no se extinguirá tan fácil.

Lo paradójico es que sus 13 hijos pasan momentos de angustia económica ya que el tema de sus derechos no se ha dirimido tan fácil como se pensaba. Pero eso, eso es otro capítulo en la larguísima leyenda de Diomedes.

Fuente: Las 2 Orillas (Exclusivo).