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Columna: Con mucho gusto y muchas gracias Cacique de la Junta


♫ Hay un gran vacío en mi corazón... ♫ Así comienza una de sus canciones y así nos sentimos aún sus seguidores después de haber despedido al más grande exponente de nuestro folclor. Todo comenzó un 26 de mayo, en las polvorientas calles de la Junta. Y ese inquieto niño iba creciendo entre lomas y sabanas, atravesando muchas dificultades para sobrevivir. Es el mismo niño que alternaba sus estudios con la labor de “espantapájaros”, es aquel que conquistaba a sus novias con versos y es el mismo joven que aprovechaba cualquier multitud desprevenida y entonaba su canto para deslumbrar a propios y extraños. “Joda primo, ese pelao canta bien” era el comentario más común entre los presentes que aplaudían atónitos en muestra de admiración a aquel osado chico de aspecto indígena.

Con el pasar de los años, aquel niño ya se había convertido en cantante y fue tan vertiginoso su ascenso que 4 años después de haber grabado su primer trabajo, ya le estaba cantando a su gente que tanto lo quería (Para mi fanaticada, 1980).

A su lado se forjaron grandes acordeoneros los cuales fueron fundamentales en su crecimiento artístico, hasta convertirse en el más Grande.

Fue tanta la empatía que transmitía este artista que fue catalogado como ídolo, un ser único entre el resto de cantantes, alguien que siempre alegraba al público con solo montarse a una tarima porque siempre supo que el pueblo era de él y él era del pueblo. Por esa gran acogida que tuvo fue denominado el “Cacique”. Siempre fue visto como alguien especial, un maestro, una estrella, no por sus triunfos, ni por sus premios (22 discos de oro, 23 de plata, 13 de platino y tres de quíntuple platino), ni por sus Congos de Oro, ni lo es por su Grammy Latino, siempre fue visto como un grande por su infinito talento y su apego a sus raíces la cual nunca olvidó y siempre resaltó. 

Fueron 37 años de vida artística, 9 acordeoneros, 183 canciones compuestas, 41 trabajos discográficos y un Diomedismo inmenso, considerado la masa de personas más grande de la historia del país, la cual nunca lo desamparó y siempre lo arropó a pesar de ser señalado y criticado como si todos no cometiéramos errores en este mundo. 

Pero ya no está entre nosotros el cantante del pueblo, partió repentinamente en un ocaso decembrino, anochecía y sorpresivamente noté una oleada de personas extrañadas, confundidas e incrédulas las cuales exclamaban: “murió Diomedes… murió el Cacique”. Esperaba que fuera una broma. En ese momento corrí a ver el noticiero y al corroborar la trágica noticia sentí que mi alma se entristecía al mismo tiempo que mis lágrimas le rendían tributo. 

De igual manera, se comenzaron a entonar sus canciones por todos los rincones del país, como rindiéndole un homenaje, como él se lo merecía. Era una mezcla de profundo dolor y al mismo tiempo de gratitud. 

Desafortunadamente, El Todopoderoso lo mando a llamar, y recordaré el 22 de diciembre de 2013 como uno de los días más tristes de mi vida. 

Solo me queda recordar lo mucho que nos ha hecho cantar, reír, disfrutar y bailar. Ese grandioso legado que nos deja lo hará inmortal y afortunados los que gozamos de la música de este “monstruo” del vallenato.

Muchas Gracias Cacique, Gracias Carajo!.

LUIS CARLOS PALENCIA - DIOMEDISTA DE CORAZÓN

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