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Columna: Las fortalezas de Diomedes Díaz

Por Rosendo Romero

Con la muerte todo se acaba para la persona, la fama, el dinero, los placeres, y los homenajes son al viento.
Muerto es el cuerpo, el alma es inmortal, vino de Dios y a Dios vuelve, despojada de los apegos y el mundo de las sensaciones.

La personalidad queda por ahí fotografiada, homenajeada, esculpida, historiografiada, pero con el tiempo también desaparece. Algunas demoran siglos como es el caso de la de nuestro señor Jesucristo y la de Simón Bolívar que el extinto Hugo Chaves Frías (q.d.e.p) rencauchó con ese nuevo sistema que se han inventado los antropólogos y los escultores. Gracias a este ingenioso sistema pudimos ver al libertador como fue en Tercera dimensión pero eso no sirve para nada, la personalidad es la sombra de la luz que ya no está, conclusión.

Lo que vale del hombre es su obra y la reflexión sobre esto es: “No hay que idolatrar a la personalidad pero si valorar su arte de buen gusto y con el tiempo su legado”

Todos sabemos que Diomedes acortó sus días y sabemos por qué. Pero, el juicio de eso se lo dejamos a los fanáticos que se pasaron por encima aquel principio Bíblica que reza:

“No juzguéis para que no seáis Juzgado” “Con la vara que mides serás medido” el juicio a las almas de los difuntos le corresponde a Dios Padre todo poderoso.

La primera fortaleza que uno observa en quien en vida se llamó Diomedes Díaz, fue: tanto amor que despertó en la gente. “Dios es amor” y quien despierta amor ha de ser porque es una alma de Dios.

Segundo- nunca renunció a ser hombre de pueblo y para el pueblo.Los artistas cuando alcanzan la fama caen en el error de proyectar y engrandecer su imagen y no la música que los llevó a la cima. Para Diomedes, el vallenato era primero y eso le permitió saber escoger su repertorio, conocimiento que le facilitó descubrir en Calixto Ochoa, un filón de oro.

Tercero- Su talento fue un don de Dios y era demasiado: Cantar bien con un estilo propio y recursivo que adornaba y sentía el mensaje que ponía en cada interpretación era algo único en él. Verseaba de manera complaciente y componía conservando las características músico literarias propias del genero vallenato, fue un merenguero excelente (Herencia de Martín Maestre)

Como yo sé que no falta el que cree que va remplazarlo, le aconsejo que no se olvide de un pequeño detallito nada más. Diomedes se mantuvo en casi 40 años de éxito; tanto en el disco como en vivo. Compa, no olvide imitar también esa minucia.