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Diomedes, la calle es el verdadero homenaje

Más que los foros y las intervenciones de los acordeonistas en los diferentes concursos del 47 Festival de la Leyenda Vallenata 2014, el verdadero homenaje al recién fallecido cantante Diomedes Díaz lo están haciendo los vendedores ambulantes y estacionarios.


La exigencia del certamen, en cuanto a que a cada concursante debe interpretar una canción de las conocidas del llamado “Cacique de La Junta”, es como una banda sonora de lo que sucede en cada centímetro de los andenes.

Gentes propias y foráneos venidas de los cuatro puntos cardinales de la Región Caribe y del interior del país tienen las calles inundadas de afiches, sombreros, cuadros enmarcados, pinturas, camisetas y gorras beisboleras con el rostro o la imagen de cuerpo entero de quien fue, y sigue siendo, uno de los ídolos más sentidos que ha tenido el estilo vallenato en todos los tiempos.

Mientras en algunas esquinas se amontonan adminículos de todo tipo, pero con el rótulo de “Todo a cinco mil”, en otros establecimientos los cuadros enmarcados alcanzan hasta los trecientos mil pesos, dependiendo de la pericia del pintor en eso de saber atrapar los rasgos faciales del artista guajiro en sus más diversas facetas.

Pero los secuestradores de la música no se quedan atrás: en puestos sobre el pavimento, y de manera ambulante, también se venden discos compactos, videos y memorias que podrían cargar más de mil canciones, toda vez que recogen la colección discográfica de Diomedes en todas sus épocas, pero sobre todo sus presentaciones más desfachatadas o plausibles a lo largo y ancho del país.

Los dueños de los restaurantes, fondas y establecimientos de comidas rápidas también parecen haber comprendido que un buen gancho para atraer a los turistas podría ser programar la música de Diomedes desde las primeras horas de la mañana hasta que cierre la tarde o hasta que se acaben las presentaciones en la Plaza Alfonso López. Y no equivocan: las mesas permanecen llenas de gente que pregunta por nombres de canciones que nunca habían oído desde que están admirando a Diomedes.

A las puertas de la Alcaldía Mayor de Valledupar están los fotógrafos ambulantes con sus estudios callejeros en donde, además de un caballito embalsamado para fotografiar niños, también se levanta una pared de cartón con las imágenes del Cacique de La Junta en sus épocas de esplendor, como si la fuerza de los conjuntos que compiten en la tarima Francisco El Hombre sirviera de conjuro para espantar los ocasos y las muertes que se ciernen sobre los grandes artistas.

Casi a las puertas del Concejo Municipal también se vende otra mercancía sustentada en la figura de Diomedes, pero no es música ni souvenires, ni pinturas, sino letras. Se trata del libro “La vida del cacique Diomedes Díaz”, de Tomás Barreto Rincón, quien dice ser, además de escritor, historiador, pintor y lingüista, actividades que ha puesto al servicio de los seguidores de Diomedes con esta obra bibliográfica, que recoge, de acuerdo con sus propias palabras, “una manera distinta de abordar a Diomedes, ya que él es un ícono de nuestra cultura, más allá de las notas de farándula y de los escándalos que lo persiguieron”.

Junto con los libros, Barreto Rincón vende pinturas de regular calidad, pero enmarcadas con buen gusto, con imágenes de las carátulas de los discos de Diomedes, tal como pueden apreciarse en los andenes de las callejuelas que se desprenden de la Plaza Alfonso López. Sólo que los suéteres y las gorras se venden más rápido y muchas veces acompañadas de imágenes de la Virgen del Carmen, la patrona pueblerina que tanto se oía mencionar en las animaciones que Diomedes usaba como fondo de sus grabaciones.