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El aporte de Diomedes como cantautor al folclor vallenato


En el país podemos encontrar enclaves geográficos que nos permiten conocer dignos exponentes del folclor de la Región Caribe y sus departamentos de Sucre, Bolívar, Cesar, Magdalena y La Guajira, se podría decir que estos tres últimos han sido prolíficos en compositores, intérpretes, acordeoneros y cantautores que se han distinguido por acrecentar nuestra música de caja, guacharaca y acordeón. De la relación familiar Díaz- Maestre surgió un cantante y un compositor llamado Diomedes Díaz Maestre, quien con su creatividad y talento logró cautivar al público. Para lograr reconocimiento tuvo que vivir un proceso cargado de epítetos y, de burlas que le hacían los incrédulos que lo rodeaban. 


Su mundo no fue el virtual, supo lo que era que soportar la inclemencia del tiempo porque desde bien temprano tuvo que trabajar cuidando chivos y pastoreando ovejas. Los matorrales fueron su confidente, en ese espacio, construyó su vida a partir del asombro, el miedo y descubriendo la magia de la naturaleza que lo rodeaba, sintió que el mundo se le acababa cuando supo de los primeros estragos que dejaba una borrachera con chirrinche.

El 18 de Enero del 2013, Diomedes me concedió una entrevista para el programa “Los especiales de Caracol, que se trasmite los días Sábados a las 10 de la noche y, fue la misma que se repitió el día que falleció y el día de su sepelio. Ese mismo día habló de sus travesuras infantiles, que fueron muchas, las cuales me quedarán en la memoria. No las grabé porque no quise seguir acosándolo con más preguntas.

Uno de esos recuerdos fue cuando me contó, que decidió llevarse un burro para La Sierra sin el permiso del propietario y, hasta botar la plata de la venta de unos chivos, por echarla en el bolsillo roto del pantalón corto.

Ese mismo burro de color cenizo era el que todas las tardes rebuznaba a una hora precisa y Diomedes decía: “Que el burro lloraba por falta de amor”. Todos estos ingredientes terrenales fueron más que suficientes para dedicarse a la creación poética.

¿Qué más podía pedirle a ese entorno social, a esa naturaleza infinita, sí ahí estaban todas sus vivencias y allí se reunía todo el universo para fabular?

Un hecho bien particular, era que en cada una de sus grabaciones siempre estaban una o más composiciones de su autoría. La historia de Radio Guatapurí es conocida por los oyentes y lectores en Colombia de tanto repetirse; como también de las grabaciones que le hicieran Jorge Quiroz y Luciano Poveda. Posteriormente, el acompañamiento que tuvo de Náfer Santiago Durán y, de su composición que fue todo un éxito y se la grabó Rafael Orozco Maestre: “Cariñito de Mi vida”.

También había ocurrido un suceso musical, cuando Juan Piña al lado de Juancho Rois le graba la “Morriña”, tema que le fastidiaba a muchos de sus allegados, porque era desafinado en las parrandas donde lo dejan cantar. Todo un éxito en el universo vallenato. ¡Las cosas de la vida!

Esa vida cotidiana, vivida cara a cara, que padeció por dentro y por fuera, fue lo que le permitió ir más allá de sus límites, como también rodearse de personas que nunca pudieron entenderlo y si medio lo entendieron, no lograron comprender su dimensión y su importancia como artista.

Él sí necesitó que lo comprendieran, le faltó esa luz que le mostrara el verdadero camino. De esta manera, pudo habérsele ayudarlo a superar ese escalón de grandeza, que muchas veces lo llevó a sentirse único e irremplazable. Él era una persona muy humana, que se compadecía, daba y regalaba, quizás esa razón de ser así, también lo convirtió en una víctima de los oportunistas y de quienes creyeron que la parranda y la vida disipada era el fundamento del vivir y de la buena vida de Diomedes.

Como podría negarse el aporte al folclor con canciones como “El profesional”, “Bonita”, “Te necesito”, “Mi muchacho”, “Ayúdame a quererte”, “Brindo con el alma”, “Sin ti”, “Dos claveles”, “El Gallo y el pollo”, “Te quiero mucho”, “Una de mis canciones”, “Bendito sea dios”, etc, cuyas letras pueden llenar el vacío que existe hoy en la composición vallenata.

Porque ante la crisis de buenos compositores, que bueno volver a escuchar estos temas con un trabajo creativo con sentido de pertenencia, sin facilismos, sin exageraciones, sin tantos estribillos, se cantaron como debe y tienen que cantarse un buen vallenato.

Sus letras son la suma de palabras, en un canto que atrajo multitudes para que estas se deleitaran con sus mensajes. Sus canciones son códigos, entendidos como acción para quienes la escuchan, inspiradas y que permiten vivir, compartir, soñar y recordar momentos en nuestras vidas.

A este gran artista no se le puede negar ni quitarle la importancia de esas fases que tuvo como compositor. Hoy podemos seguir valorando su creación musical, sin ningún tipo de prejuicios y estigmatizaciones. Ese reconocimiento al menos debe partir de los conocedores, investigadores y estudiosos de estos temas. Surgen una serie de preguntas que estaban allí, pero que siguen latente en el gran colectivo.

¿Por qué Diomedes sigue teniendo acogida y el respaldo de unos sectores sociales que lo siguen admirando? ¿Cómo compositor lo podemos relacionar con Emiliano Zuleta Díaz, Adolfo Pacheco, Calixto Ochoa, Hernando Marín, Carlos Huertas, Daniel Celedón, Octavio Daza, Gustavo Gutiérrez, Leandro Díaz, Fredy Molina, Rosendo Romero, Marciano Martínez Acosta? ¿Quedará registrado en la galería de los grandes compositores?

No todos los juglares de las épocas pasadas llegaron a distinguirse como cantautores y, ese debería ser el requisito fundamental para cualquiera que quisiera mostrarse como cantante. Si revisamos lo que está sucediendo en el mundo vallenato, podemos encontrar que esta figura primitiva del universo musical, se ha ido perdiendo.

El aporte de este cantante está abierto de par en par, como una ventana de la Región Caribe, para que sea explorado, analizado y se puedan sacar conclusiones.

Diomedes el Hombre, el ser, el soñador que forjó ilusiones y esperanzas a partir del mundo que lo rodeó.

Por: Arminio del Cristo Mestra Osorio